Escritura automática. Ejemplos de pequeños textos creados en el taller.

Jugando con las letras, las palabras y los textos:

 

"¡Último día de cole!

 

La niña no iba a quedar como una lela. 

Rápida,

con una pala y unos palos

levantó una pira.

Allí tiro la pipa del profe y

¡el maldito!,

paralelepípedo."

 

 

"Separación y re-composición.

 

     'tranquilacontenta', no es una palabra de veras. Pero, al decirlas tan juntas, se pegaron entre ellas y no me fue fácil encontrar una hendija para separarlas.

 

     Por fin, sin miramiento alguno, logré cortarla en "tranqui"; entonces, vi como "lacontenta" se alejó boteando, después rodando, siempre sonriendo, femenina y coqueta.

 

     "tranqui", en cambio, me manifestó sentirse vieja, dejada de lado. Me rogó que hiciera algo por ella, o que la troceara para acabar con todo, o que la reuniera con "lidad", que era su amor secreto.

 

     Como me sentía responsable de su situación, busqué a "lidad". La encontré atada a "agi". Entrenada ya en percibir las hendijas de las palabras, sin pensarlo dos veces, las separé del todo. "agi" escandalizada me acusó de mal meter y que le debía, por lo menos, un acento para transformarse en "agí", de lo contrario, mi despropósito la reducía a tres letras sin derechos; me acusó de ser una cruel palabracida.

 

      Mientras, "lidad" y "tranqui" se miraban entre suspiros, con descarnado descaro y evidente deseo de coyunda silábica. Me dió hasta pudor esa desnudez tan abierta. Entonces vi que con fuerza imantada se ataron con fiereza.

 

     No obstante, para mi sorpresa, no fue fácil su comienzo. Se habían atado como "lidadtranqui" y se sentían desencantadas e incómodas. Creí que lo dejarían. Yo hice como que no me enteraba, pero observé que, con ganas, tras desmontarse y remontarse, encontraron el lugar que sí les daba el placer por el que habían suspirado.

 

      En tanto, "agi" no dejaba de darme la tabarra y sus lamentos comenzaron a inquietarme. Sentí  que lo suyo no era un capricho; así que accedí  y le puse una lustrosa tilde sobre su "i".

 

    La nueva "agí", quedó fascinada. Una vez en calma, me confesó que siempre sufrió una especie de dislexia y que ahora se mostraría sin complejos ni complejidad. Se quedaba así, tal como sonaba, o como soñaba, pensé yo.

 

     Antes de partir, agregó de refilón, que una "jota" potente le haría más guerrera. Se peinó su acento y se marchó muy digna, casi feliz. La miré alejarse, iba un poco coja. Desee que encontrase al nigromante que acabara su transformación. 

 

 

 

Desde aquí, mis gracias a la tallerista que, graciosamente, me ha cedido dos de sus textos. El segundo, fuertemente inspirado en "La cosa" de J.J. Millás.

 

 

 

Nota: la imagen de la sección es un poema visual o caligrama de Guillaume Apollinaire (publicado en 1918),  titulado "Reconócete". Está en "Caligramas. Poemas de la paz y de la guerra".