Muerte

En un pequeño espacio como este apenas toco de modo superficial las imágenes y símbolos y ello es más evidente en algunos contenidos. En esta entrada, sin duda.

 

            Los autores que exploran en el alma y el devenir humano, concuerdan que desde la mitad de la vida hacia adelante, el tema de la muerte es una dimensión cada vez más presente en la consciencia y ello se refleja (o se funda), en las imágenes oníricas que cuentan nuestras historias cada noche.

 

            Vivimos en una cultura que ha construido un tabú alrededor del tema de la muerte; pero, independientemente de nuestro miedos personales y como civilización, la muerte siempre está más o menos próxima y a cada uno le corresponde resolver la tarea de  cómo racionaliza o asume su propia condición efímera y mortal.

 

            Lo que es evidente es que, en la medida que la edad avanza, aquellos que asumen esta humana tarea, permanecen más vitales, más joviales y comienzan a adquirir aquellas bellas cualidades que constelan la sabiduría de la persona mayor.

 

            Para no perderme en una filosofía que no controlo y para tropezar poco en este asunto de tanta envergadura, me limito aquí a trazos bien generales.

 

            En sueños relatados por personas moribundas acerca de su final inminente, la muerte aparece con imágenes propias de su racionalidad ideológica y con un alto poder para calmarla y serenarla. Quiero decir que en el lenguaje íntimo de esa persona (religiosa, agnóstica, racional, etc.), sus imágenes oníricas vienen cargadas de significados de liberación de la coraza del Yo y de transformación a una energía más sutil, cada cual con su estilo.

 

            Cuando el sueño en personas sanas tratan de la propia muerte, suelen asociarse con señales de la necesidad vital que ciertos hábitos mentales dañinos, formas de relación afectiva tóxicas, vínculos que antes fueron buenos y ahora resultan destructivos, deben “morir”.

 

            Una  imagen de esto que digo es la de las muñecas rusas: 7 muñequitas encajadas unas dentro de otras: la muerte onírica es como si retiras a la muñeca mayor (una forma de ser y estar en el mundo, que desaparece) y surge la segunda muñeca que durante un tiempo hará su función, hasta que llegue el momento natural de retirarla y así continúa… es una forma de entender el irse liberando de las corazas del Yo.

 

            Muchos sueños sobre el proceso de la muerte personal (la de la muerte del Yo y la muerte física literal), no son con imágenes de muerte concreta, sino cosas aparentemente muy alejadas. Por ejemplo, imágenes de cebollas, de berzas (ambas tienes muchas hojas y carecen de núcleo), rascacielos (el ego monumental aspirando a la altura), chozas (donde lo importante es el contenido), etc.

 

            Otras imágenes que se asocian con la “de-construcción” del Yo como estructura mental son de entradas y salidas de túneles, de caminar por la noche o pasadizos oscuros.

 

            Las personas que tienen la percepción que sus sueños tienen carácter predictivo (ver entrada sobre este tema) se sienten aterrorizadas cuando sueñan que una persona querida o solo conocida (y sana) está muerta; aunque no se perciba que los propios sueños predicen la realidad, soñar que un ser querido está muerto, o que estás en su funeral o algo semejante, es una imagen carnalmente dolorosa.

 

            En general, estos sueños se asocian con la llegada del momento de cambiar la forma de relación con esa persona. Por ejemplo: Ser madre y ser padre cambian a lo largo de la crianza, no es lo mismo el vínculo con un lactante o con un hijo escolar, o un adolescente o ya adulto. Los sueños pueden venir a subrayar la necesidad de dejar morir a nuestra criatura para dejarlo crecer y permitir su desarrollo (y el propio).

 

            En ciertos sueños de marcada atmósfera trágica, solo el soñante en el episodio conoce la tragedia que ocurre, los demás asistentes ignoran lo que acontece. Este tipo de escena, subraya el carácter interno y subjetivo del cambio que se está realizando en el plano real.

 

            Los sueños donde se mata y la atmósfera es de violencia manifiesta siempre es conveniente trabajarlos con un profesional, pues ellos se  constelan en una persona con una realidad psíquica muy emocional e intensa, con muchos matices a considerar.

 

            Estos violentos sueños subrayan la necesidad del esfuerzo voluntario que ha de hacer el Yo para cambiar la forma de vinculación o el hábito mental o la conducta adictiva. Por ejemplo, en el caso de enfrentarse a una adicción real, la muerte de ese hábito no sobrevendrá naturalmente, habría que destruirla si quieres vencerla.

 

            Es bueno recordar que si una persona, en su vida consciente, está luchando contra un hábito autodestructivo, una parte de sí misma experimentará que la están destruyendo y puede, equivocadamente, sentir que el sueño o pesadilla vivida son malos; pero una lectura más atenta, le hará percibir dos niveles: el que muere (el mal hábito, con el que se estará más identificado) lo pasa mal y debe morir; pero esa muerte permitirá liberar a otro aspecto del Yo, que solo tendrá salida tras la muerte del primero.

 

            Con esto quiero subrayar que, como en la vida, vida y muerte en los sueños son momentos del ciclo vital, uno y otro se complementan y alternan.

 

            Los sueños donde aparecen gente que ha muerto realmente,  a veces actuando tan vivos como cualquier otro personaje (gente que a veces ni siquiera se han conocido directamente), suelen asociarse con recursos internos a los que no se había accedido hasta entonces, lo que equivale a la expresión “tengo que sacar de donde no hay” (de donde “parece” que no hay); otras veces, estos parientes o conocidos muertos “recuerdan” conflictos antiguos que no se han resuelto y que las circunstancias presentes traen a la consciencia y que son relevantes para comprender la propia reacción y asumir lo más adecuado con mayor libertad interior.

 

            Sueños con no-muertos. Es decir, presencia de personajes que están muertos en el argumento del episodio onírico, pero se mueven (más o menos) como vivos. Es frecuente que nudos existenciales o trans-generacionales que se han dado por finiquitados y sellados definitivamente, contengan componentes que es necesario profundizar para actuar en una circunstancia dada. O, más a menudo, el soñante está nutriendo afectivamente  un nudo vital  que ya está “muerto” , pero, este nudito le sirve como justificación para no enfrentar las nuevas demandas que le trae la vida. En el fondo, las dos vías se complementan y habría que explorar ambas.

 

            Los funerales y bautizos, ritos de final y de comienzo del ciclo de la vida son frecuentes como contenido onírico para cerrar y abrir etapas vitales, con todo el ceremonial que merecen y que tan poca relevancia damos en nuestra vida diurna.

 

            De este mismo grupo, con mucho menos glamour, son las imágenes de tirar/vaciar y de renovar.

 

            En los sueños, a veces circunstancias tóxicas mantenidas con enfado y desagrado largo tiempo, nos piden nuestro reconocimiento y exigen que les digamos “adiós”  con gestos de gratitud ceremonial, pues, aunque no nos guste, es real que nos han acompañado en una parte de la vida y que, de algún modo, la hemos necesitado.

           

            Saber despedirse es el comienzo del olvido sano, ese que no pesa y nos otorga sustancia vital. Así, somos capaces de dar la bienvenida a la vida que se nos abre después de decir “adiós”.

 

            Me gusta mucho “reproducir”, en los grupos o en una sesión de terapia o como acto personal a realizar, los movimientos y elementos que surgen en un sueño de este género (cierre y comienzo  / duelo y celebración), conectados con el momento de la vida despierta del soñante, para que de un modo más conciente se subraye la dimensión de umbral de paso de lo que se está viviendo .

 

            En estos gestos rituales, es frecuente hallar la dimensión sagrada del momento vivido por la persona en forma consciente.

 

            Nunca me cansaré de repetir que los contenidos del inconsciente son una fuente eterna de la que podemos beber, vivir mejor y son dones gratuitos que nos otorga la vida en este redondo planeta azul.