Las emociones, brújulas para vivir

14/09/2012

A partir de las emociones sentidas y de una evaluación del contexto, podemos actuar en la dirección que nos dé mayor bienestar.

 

Cuando se renuncia a una emoción, por el motivo que sea: valoración social negativa, auto descalificación, prisa, etc., hay una porción auténtica de cada mujer que queda sin ser asumida.

 

Tenemos que recordar que las emociones se caracterizan por ser respuestas psicofisiológicas intensas, de corta duración. Cuando una emoción no se disuelve, permaneciendo a lo largo de horas, días, semanas… podemos estar seguras que no estamos leyendo el sentido de esa emoción y que la estamos utilizando para evitar enfrentar otro aspecto de nuestra vida, del que tenemos poca consciencia.

 

Es por esto que es muy aconsejable trabajar sobre estas emociones que se nos quedan atascadas y reververan en nuestra mente y en nuestro cuerpo una y otra vez.

 

En este sentido, las emociones sirven para tomar consciencia de aspectos importantes de cada una, que a veces ignoramos de manera alarmante.

 

Si ignoramos aspectos de nosotras mismas, ¿cómo podemos hacernos cargo o actuar sobre ellos?

 

Las emociones surgen en contextos de relación (externos o imaginados), como respuesta a los otros, a un tú. Adversario que actuando como espejo de aquello que no vemos, lo deja expuesto delante de nuestra nariz y ¡qué enfados!, ¡qué miedos!, ¡qué envidias!, que cargamos sobre aquel que trae una fotografía de nuestro yo ignorado.

 

Esta deliciosa pintura de Pablo Picasso nos habla de esto: nuestra deformada autoimagen la encontramos en el reflejo deformado del espejo que representa el otro.

 

Ignorando esta deformación epistemológica que padecemos todos los seres humanos, nos presentamos llenas de certezas, acusaciones, auto-victimización, falsa importancia, que cierran el paso a la sencilla honestidad que nos trae nuestro yo emocionado y convulso.

 

Me gusta esta pintura porque manifiesta esta realidad deformante del conocimiento humano de la que nadie puede huir.

 

Mujer ante el espejo.

Pablo Picasso, 1931

 

Lo que no conocemos de nosotras mismas: o bueno, o malo, o por crear, primero aparece fuera, en la relación con un tú, y solo con trabajo interior, con verdadera humildad, gradualmente, lo comenzamos a aceptar como propio

 

Es interesante esto de “verdadera humildad”. Recordemos que en el contexto teológico,  la humildad es la virtud más elevada para un ser humano, la opuesta al peor de los pecados: orgullo/soberbia.

 

La palabra humildad, viene de la raíz latina humus que significa “tierra”. Su significado profundo es volver la mirada hacia sí mismo, aceptar las propias limitaciones, la propia bajeza, sumergiéndote en ella hasta alcanzar la maravilla que contienes y que muchas veces se desprecia.

 

En geología, se llama “humus” a la parte más fértil de la tierra.

 

Como ven esto no tiene nada que ver con los gestos exteriores casi compulsivos, derivados de dogmas religiosos. Más aún, la humildad es un gesto que desaparece apenas se toma consciencia que se está siendo humilde.

 

Este trabajo interior, solitario, en la medida que es el abandono de nuestras pesadas convicciones, nos prepara para el gran viaje a la nada, que un día todos hemos de hacer. Como escribiera Antonio Machado en el poema “Retrato” (1906):

 

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

 

Para terminar, solo agregar que esta perspectiva es la alimenta el encuentro de los adversarios sobre el tatami en las tradiciones guerreras orientales: el otro, es quien viene a empujar tu transformación. Por eso se le slauda con respeto al iniciar y al acabar la lucha.

 

EJERCICIO: Haz una lista de tus emociones más recurrentes. Halla para cada una, aquello por lo que te es útil:

 

Por ej. miedo

Me sirve para actuar con prudencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias, Mª Antonia