La Rabia: sus Más y sus Menos (5)

17/09/2012

 

Existen dos tipos de rabia y dos tipos de ira o explosiones de furia; Unas renuevan la vida y las otras, la amargan y envejecen.

 

Los dos tipos de rabia son:

 

La rabia sana es intensa (o no), de corta duración, apenas acumulable. Esta clase de rabia nos señala nuestra necesidad de expresar nuestra molestia y desacuerdo. Es un impulso que mueve hacia la autodeterminación y la aceptación de la soledad última del ser humano.

 

En este sentido, el peor enemigo a combatir son todas las ideas románticas (ideales) acerca de las relaciones, sean las de pareja, fraternales, padres-hijos, amigas, laborales, etc. Dado que la idealización es fuente segura de mucho mal: frustración, decepción, exigencias y expectativas insatisfechas, deseos incumplidos, fantasías de rescate hechas pedazos, intentos heroicos de negar la realidad amarga a costa de lo que sea...

 

La rabia crónica: es monologal, repetitiva, descontextualizada; es un obstinado regurgitar de hechos. Siempre es autodestructiva. Siempre es manifestación de conflicto interno; la mayoría de las veces se arrastra desde la infancia. Su expresión no genera ningún cambio durable en el entorno.

 

Esta clase de rabia, casi nunca es pura rabia; es más bien manifestación del desamparo en el que crecimos. Es la vestidura potente de nuestra vulnerabilidad y tristeza. La que rabia de este modo, está pidiendo ayuda a gritos; no obstante, ignora lo que le sucede.

 

Es frecuente que esta rabia se disfrace de una generosidad bondadosa, de un ser buena, mal entendido: Se empatiza con el dolor de otro y se incorpora esta desdicha como propia, con la errada intención de alivar ese dolor. Entonces surgen dos problemas:

 

Primero, no se puede resolver el problema del otro (por lo que esta desdicha es estéril) y, segundo, se disuelven los propios temas de la consciencia, temas en los que sí podría realmente hacer algo; por ejemplo, centrarse en un objetivo y dirigirse a  él con acciones coincretas.. Pero como los propios asuntos están desaparecidos de la consciencia, la esterilidad de los esfuerzos es flagrante.

 

Sin lugar a dudas, si la sentimos, tendríamos que detenernos a conocer esta rabia. Escucharla. Distinguir sus matices. Aceptarla y con ello aceptar nuestra heridas y cicatrices como parte nuestra. No es tarea ni fácil, ni rápida; pero sí, muy fructífera.

 

Esta rabia debe ser convertida en una herida-medalla de las guerras que nos han forjado. En ella encontraremos contenido para la expresión de nuestra creatividad.

 

Los dos tipos de ira (explosión de furia) son:

 

La ira sana es expresión de nuestra vitalidad, fuerza y reconocimiento feroz de nuestro ser digno y bien plantado, cuando el abuso de otro(s) -en cualquiera de sus formas-, nos invade.

 

La ira feroz enloquecida es expresión dramática de nuestra impotencia. Es un reclamo agudo y estéril de nuestro poder interno a otro(s). También puede ser la manifestación desesperada del fracaso de nuestras estrategias de manipulación de otros (por su bien o por nuestro bien, como sea, pero manipulación[1]).

 

Es bien difícil que esta ira cambie algo de nuestro entorno. Además, es siempre manifestación de un problema de identidad estructural. Para superarlo, hay que adentrarse, con un psicoterapeuta, a navegar en estas aguas turbulentas, para conocer sus corrientes, sus tóxicos, sus bloqueos...

 

Paradojalmente, la incapacidad para experimentar rabia e ira tiene que ver con iras furibundas aparcadas de la imagen de sí misma. Esto es tan delicado para la salud de una persona , como experimentar la furia enloquecida, aunque tiene la ventaja-desventaja que, socialmente, esta persona recibe refuerzo social por ser tan maja-generosa-docil-disponible-suave.

 

No obstante, es este bloqueo emocional el caldo de cultivo para enfermedades de origen psicosomátiocpo o el agravamiento de condiciones físicas crónicas.

 

¿Por qué tenemos tanta dificultad para experimentar y expresar la rabia y la ira? 8sea por déficit o exceso).

 

De niñas aprendimos a rechazarla de nuestra experiencia, para que nos quisieran, nos mimaran, sentirnos que pertenecíamos, que estábamos protegidas.

 

Además, en el otro extremo, está el hecho alarmante de la explosión colérica incontrolada que acaba con alguien en el hospital o en el juzgado o en el cementerio.

 

Entre estos extremos exagerados de rechazo de la rabia: para sentir que pertenecemos y nos quieren y para evitar una catástrofe, está el tomarse en serio esta emoción como motor crucial para evolucionar como personas.

 

¿Para qué es positivo experimentar y expresar la rabia y la ira?. 

 

Estas emociones nos permiten distinguir nuestros límites internos. Son los motores de nuestra autonomía, de nuestra autoafirmación y de nuestra autodeterminación.

 

¿Cuándo es el momento para comenzar a trabajar con nuestras emociones?

 

En el caso de nosotras las mujeres, las señales internas, fisiológicas y psicológicas son muy claras... no debemos olvidar que nadie nos hará nuestro trabajo.

 

Gracias por vuestra atención,

María Antonia



[1] Manipulación: Una persona reduce a otra a la calidad de objeto a su servicio.