Conducir

04/09/2013

         El acto de conducir un vehículo, se asocia con la conducción del propio proyecto vital, con el propio autogobierno; en otras palabras, con la autonomía, autoconfianza, autoimagen y autovaloración para decidir, disponer de dinero, satisfacer necesidades y deseos, asumir responsabilidad y compromiso, libertad para proyectarse, etc..

 

            En otras palabras: “En mi vida, ¿quién manda? ¿en qué ámbitos? ¿en qué forma? ¿cómo lo consiento?”.

 

            En relación con está dinámica del auto control, es muy relevante en el episodio onírico distinguir aquello que rodea a la tarea de la conducción: qué tipo de vehículo, qué velocidad, cómo es la función de  los pedales y de los otros mandos del vehículo, en qué tipo de vía, si el soñante va de piloto, co-piloto o pasajero y cómo se siente.

 

            Conectar con la experiencia corporal asociada a la imagen onírica de la conducción da muchas pistas sobre la propia existencia en términos de autogobierno, des-gobierno o control por terceros.

 

            Recuerdo a una joven mujer que cargaba con muchas responsabilidades laborales y familiares que, en el momento del sueño, tenía una anemia crónica, soñó que conducía un gran autobús ¡a pedales!, cargado de gente y embalajes diversos a rebosar por una cuesta empinada… Dijo: “Un viaje heroico donde soy la mula de carga de todos”.